...Que no te compren por menos de nada ...Que no te vendan amor sin espinas.

lunes, 8 de febrero de 2010

Desmemorias


Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Martin Niemöller

Hace días se celebró el aniversario de la liberación del campo de concentración Auschtwitz-Birkenau, y a poco que leamos o veamos, las emociones se nos colocan a flor de piel. Solo hay que observar unas cuantas fotos o escuchar algunas historias para que algo se nos remueva en la conciencia, y la vergüenza colectiva asome.

No pretendo profundizar en el horror del genocidio, aunque me gustaría pensar que siempre recordaremos que Auschtwitz fue un infierno en la tierra, creado a manos de los hombres. Fue entonces cuando aprendimos el significado de palabras como crematorio, exterminio o cámara de gas.

Fueron 4 millones de personas las que allí murieron.

Aunque el holocausto no fue el primer genocidio de la historia, ni tampoco el último, porque la capacidad de los seres humanos de dañarnos los unos a los otros parece inagotable:

Camboya: mas de 2 millones de muertos en una población de 8
Ruanda: en 100 días los hutus asesinaron a 800.000 tutsis.
La misma segunda guerra mundial provocó mas de 60. Millones de muertos.


Si pensamos que detrás de cada una de esas cifras está la vida de una persona, que tenía tanto derecho a disfrutar de los días como cada uno de nosotros… entonces se nos hace un nudo en la boca del estómago, reprimimos la memoria, y acabamos por no saber si debemos recordar u olvidar; creamos la versión edulcorada de los hechos, que previamente despojamos del dolor excesivo… ¡¡Y nos quedamos tan anchos!!.

Me apena ver que para las generaciones que nos suceden, este infierno no será más que una lección en un libro de historia, y sorprende realmente comprobar que nuestros hijos apenas reconocen nombres como Hitler, o Stalin… (de Pol Pot , Mao ZeDong, o Pinochet ya ni hablamos). La sociedad se encarga de fabricar para ellos un recuerdo neutro, sesgado y partidista que no les permite apenas conocer el horror que se esconde bajo la superficie, negándoles así el derecho a aprender de los errores del pasado y ocultándoles a la vista los valores que se supone deben de conformar sus cimientos.

Una sola frase resume la esencia de lo que burdamente he intentado transmitir aquí:

"Sin memoria no hay futuro, y el que no recuerda está condenado a la repetición"

Jesús Martín Barbero.


Me gustaría poder decir que SI tenemos memoria colectiva, y que como sociedad, aprenderemos a cicatriz las heridas, pero que no olvidaremos nunca que fue lo que las causó.



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Cuando nadie me ve, quizá sale a la luz mi verdadero yo

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