Gisho sonrió con los ojos brillantes y le contó que, en su casa tenía un muñeco de Daruma.
Con la parte de abajo redondeada, de manera que se balancea. Si lo tumbas, él se levanta solo. Había inspirado una canción infantil. “Siete veces para abajo. Ocho veces para arriba”
Una buena lección.
"Cruzados el puente de la duda
y el puente de la decisión
pasé
del mundo flotante
a la tierra pura"


